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Quiero regresar

Es muy, pero muy extraño. No regresaba a este blog desde marzo del año pasado. No me aparecí por aquí desde esa fecha. Peor aún, no publico nada en este espacio desde el 6 de diciembre de 2016. Dejé morir este blog, o mejor dicho, le di la espalda a un compromiso que quise establecer con la escritura. Y eso me hace sentir mal, pero esa decepción no se compara con lo extrañeza que hoy sentí.

Decidí volver a escribir, sobre lo que sea, con aquella libertad y motivación que tuve durante un tiempo considerable en este blog, tomando en cuenta mi estándares.

No sé qué fue lo que pasó. Hace unos minutos estaba comiendo tacos, uno de bistec, y de pronto vino un pensamiento urgente por escribir, pero sólo aquí. Vine directo a la computadora a vaciar aquella revelación que tuve; que en realidad no tiene nada de novedosa, es algo que sé y saben todas las personas que desean dominar una disciplina: la escritura también es como un músculo, sino se ejercita termina por deteriorarse.

Y es que mi escritura no dio para más o yo no di para más. Algo me quitó la motivación, algo se fue de mi. Sé que fueron diversos asuntos personales los que hicieron que dejara de interesarme por el blog. Pero, ahí mientras me comía mi taco, pensé que eso era una ridiculez. ¿Por qué dejar algo que me entretiene mucho, que me satisface y que me llena de energía? ¿Por qué dejar este espacio que es una ventana un poco más grande donde el público puede ver dentro de mi?

No lo sé. A pesar de que no dejé de escribir para nada, pues mi trabajo me lo exige hacerlo diariamente, no tuve la fuerza ni la determinación para regresar aquí. Esos músculos que aquí eran flexibles y todo terreno, pues le entré al cuento, al poema y a la divagación sin dudarlos; allá, en mi trabajo, eran apenas fibras para sostenerse, para no resbalar.

Por supuesto el trabajo no fue el problema. El problema fue perderme entre mis propios espejismos. ¿Escribir para qué? ¿Escribir para quién? ¿Sobre qué? ¿Escribir?

Sucede que soy una de esas personas que se pierde en preguntas y suposiciones. Que no soy una persona de convicción. Busco actuar bajo el esquema de la lógica, pretendo la frialdad en la toma de decisiones. Pero me enfrío, me congelo, pierdo todo movimiento.

Y la escritura no necesita nada de eso. Aunque puede ser lenta, pero no se paraliza. No es meditación la escritura, porque no hay paz en quien escribe. Al contrario, quien escribe, llora sobre las teclas, aprieta los dientes mientras formula una oración, extraña, ama y odia cuando termina cada oración; ambiciona con una obra maestra o desea olvidar cualquier clase de suplicio. Quien escribe no es un monje, se regocija, ironiza y señala.

Yo intentaré no perderme nuevamente. Quiero regresar donde estuve cómodo durante un tiempo. Quiero que este músculo me de para más.






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