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Comida de recuerdo

Y ahora que estoy un poco más lejos, de tiempo y lugar, cómo extraño comer con mi madre. A veces solo extraño la comida, a veces el silencio y a veces la compañía. A veces extraño las tres: una comida deliciosa, una plática larga sobre cualquier tema o un enorme silencio que tranquiliza y ayuda a sopesar mejor las ideas. Mi madre nunca fue una gran conversadora, en el sentido de abrir la charla, profundizarla, narrar grandes historias o acompañar la sopa con hazañas imborrables. A veces solo nos mirábamos, y ella tan silenciosa como yo. Solo el sonido de las cucharas chocando la porcelana y el gorgoteo de la jarra sirviendo agua de fruta. Las burbujas del agua hirviendo para el café o el té de manzanilla. Y también el canto de los pajaritos que nos espiaban desde la ventana, como queriendo escuchar lo que decíamos. Pero no decíamos nada. Solo estábamos concentrados en saborear la comida, y tal vez en planear nuestro día. Porque, aunque mi madre no decía mucho, yo sabía que pensa...

Un mal lector

De todas las personas profesionales que se dedican a la lectura - por placer u oficio o ambas - yo formo parte del grupo que incumple las formas de lectura clásicas: - Leo algo y nunca reviso quién ha escrito semejante o minúsculo ejemplar. Mi lista de autores es diminuta, recuerdo muy pocos. - No memorizo ninguna cita, no puedo recitar un diálogo o un capítulo de memoria. Me pregunto ¿Y eso como para qué? - Nunca omito páginas ni oraciones. Omito la historia por completo - Puedo perder los libros y no arrepentirme, porque sólo son libros - No me intereso por los autores - No subrayo los libros porque no los vuelvo a revisar - La re-lectura es un ejercico ocioso para mí porque hay tantos autores que atender más adelante - La lectura no sustituye la experiencia, es una ilusión de vivir lo que hace un autor. Vale más dejar el pinche libro y salir a caminar. - Leer ciencia me hace ver a los autores literarios como pequeñitas estrellas en una constelación inmensa. Leer li...

Espiral 1

 Desde la óptica de sus padres, se le dio todo. O más exactamente, se le dieron todas las convenciones sobre la "buena" y "mala" crianza. A veces mezclada, a veces con un compromiso que solo surge del amor: apoyo, acompañamiento, diálogo, esquematización, horarios, mano dura, empatía, guía profesional, psicólogos, terapias, cinturonazos, trapazos, paciencia, dedicación, escucha, libertad, normas, libros de autoayuda, actividades al aire libre, espacio personal, integración familiar, experimentación individual o en familia. Se le ofreció todo con el único objetivo de hacerlo sentir apoyado y amado. Se le preguntó y escuchó sobre todas sus inquietudes, desde niño hasta cuando ya era mayor y plenamente consciente de todas sus decisiones. Nunca se le retiró el apoyo directo o parcial, porque simplemente no podían hacerlo sus padres. Era su primogénito, primera y última razón para seguir adelante.  Algunas veces intentaron renunciar a él. Guardaron la distancia, fingiero...