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Un rostro

No importa mucho quién me lo dijo, pero hasta antes de sus palabras nunca me había fijado en mi rostro. —Mira qué cara traes, te ves todo demacrado, te ves triste. Primero pensé que era una interpretación exagerada, yo me sentía bien. No creí que mi cara tuviera algo de triste hasta que la frase llegó de nuevo mientras me bañaba.  Como siempre me quité la ropa y me asomé al espejo, examiné mis encías, giré un poco la cabeza y vi mi perfil, metí mis dedos entre el cuero cabelludo, me acerqué hasta ver los poros de mi piel y tocaba alguno de mis granos esperando que madurara. Pero esa esta vez escuché el "Mira qué cara traes, te ves todo demacrado, te ves triste". Vi la frase sobrevolando mi rostro, como si fuese un anuncio publicitario. En verdad mi cara lucía triste. Nunca la había visto de esa manera. Fue como asomarme más al fondo, muy por debajo del acné, las cicatrices, el sudor, la grasa y el polvo. Las letras pasaban por mis ojos lentamente y se curvaban cuando lleg...

Una voz

La voz viene y se va, haciendo figuras con el aire, llevándoselo como corbatín, haciéndolo vibrar en espiral y luego en forma de fuente. Es la voz más dulce que he escuchado en mucho tiempo. Me dice "te amo". No sé qué responder. No sé si una voz puede escuchar. No tiene rostro y tampoco se exactamente de donde viene, pero ahí está. Es una voz de mujer, una voz tierna, entrenada para deleitar. Se va aunque no por mucho tiempo. Regresa como terciopelo. Me canta muy de cerca y me recita historias sólo con notas musicales. Es un poema vocal, si acaso existe algo similar. Cuando estoy sentado frente a la computadora viene y me hace recordar asuntos que daba por olvidados. La pequeña voz va pescando recuerdos espesos de cuando tenía dieciocho años. Me tararea la música que escuchaba aquellos días. La voz se convierte en un violín, después en un bandoneón y llora. Música que ya no recordaba, que me hacía sentir triste y ahora feliz. Viene por las noches cuando todo está t...

Vivir, sobrevivir y morir

La vida es difícil, muy difícil. Caemos sobre duro cuando quisiéramos caer en blando. No se elige la cuna, mucho menos la mortaja. Todo sería más fácil si supiéramos a dónde vamos a vivir, cómo, con quién y durante cuánto. También se viviría fácil si supiéramos el modo, tiempo y lugar de nuestra muerte. Los más obtusos vivirían con miedo, los más dotados se lanzarían a tomar cada fruto de la desdicha y de la gloria como algo pasajero y disfrutable, porque sabrían que todo va a terminar tarde que temprano, pero no es así. La vida y la muerte son impredecibles.  Por fin salía del hospital después de largos meses sobre la porquería de colchón. Había abandonado la cama quince con la misma ayuda con la que llegó: su hija como muleta que le ayudaba a incorporarse, ya no sobre las dos piernas, sino sobre una, la que pudo salvar el doctor. Salió con menos fuerzas que cada mes el hospital le iba arrebatando; salió con la espalda destrozada por las llagas de la espalda que le causó el com...

Caminata por la noche

Las noches ya no van a ser iguales porque no se puede recorrer el mismo tiempo, donde todo parecía ligero como las pisadas de los gatos que me rondaban hasta abandonar el sitio. Eran noches profundas y tranquilas. Podía sentirme calmado después de un largo día; la caminata corta, pero apacible. Nunca recuerdo acelerar el paso, nunca escapé en ruinas de tu lugar, y aunque comenzaba a marchar apesadumbrado, en pocos metros me revitalizaba. La frescura de los árboles me alimentaba, me hacía sentirme pleno. Las hojas me dieron consejo más de una vez, ellas caían ligeras para frenar mis pensamientos. Las noches ya nunca serán como antes.

El pollo

Lo sacaron en una conversación de la nada, en realidad no de la nada, fue porque hablaban de su familia, de cómo el terreno de la abuela estaba siendo discordia entre los hermanos. Todos querían apropiarse de algo que por derecho fue divido en partes iguales, en cuatro. Sin embargo, hasta los nietos y familiares de tercer grado quieren parte de la herencia. Lo cierto es que nadie recuerda al Pollo, porque nadie lo ha visto. El Pollo fue de las primeras personas que se le veía en la calle con la mano sobre la nariz y la boca. Se la pasaba durante horas inhalando e inhalando activo. Casi nunca caminaba más allá de donde terminaba el predio donde vivía. Cuando la gente pasaba se tenía que subir hasta la otra acera porque no nadie quería toparse con él. Era un hombre corpulento, de estatura media, pero que para los niños parecía descomunal y para un adulto ni hablar, el peso del también llamado "Gordo" superaba en buena proporción a todos los hombres grandes de la calle. El Pol...

Madre e hijas

Personajes: Dos mujeres en ascenso a los cincuenta y una madre próxima a los setenta. Lugar: En una cocina tradicional mexicana, de clase media  Bernarda : ¿Vas a comer mamá? Alicia : ¿Tú vas a comer? Bernarda : Ay, no puede ser. Si no como yo, tú nunca comes. Tienes que aprender a que no siempre                     te vamos a acompañar. Tienes que comer aunque estés sola. Tienes que cuidarte, si no otra                   vez se te va a subir el azúcar. Aprende a estar solita, mamá. A ver pues, vamos a comer.                       Deja te caliento                   Por cierto, cómo te fue hoy. Te saliste bien temprano y no dijiste a dónde fuiste. Nada más                   te tomaste un juego y un plato de fruta que había ahí. Cuídate. No ...

¿Por qué me gusta escribir?

Al menos creo que aquí soy más claro, más lúcido. Las comas y los puntos me ayudan. Todo lo contrario cuando hablo. Ahí se me van las ideas, pierden contundencia o se acentúan aquellas que carecen de calidad. No soy un gran orador, porque no soy un gran pensador. Confundo, engaño y disuado. A veces todo lo contrario, todo al revés. No con las letras, aquí me siento cómodo, aquí puedo admitir que estoy equivocado y borrar la oración, que nadie sepa que lo escribí, salvo yo. Con mi expresión oral aunque ya todo haya sido dicho y borrado del tiempo, mis palabras impactaron como dardos, como salvas o como viento. Aquí no, aquí está lo justo y nada más. Podría borrar todo esto y no pasaría nada; sé extender o minimizar un texto. Por el contrario, no me sé callar, no se editar lo que digo. En las letras encuentro mis sentimiento con mayor intimidad, más nítidos y sin distorsiones. En todo este blog hay confesiones, hay arrepentimientos, hay fantasías... En mi oralidad también las hay, pero e...

Curso de verano

Esa tarde cambió toda mi perspectiva del mundo, la presión de las miradas sobre mi funcionaron como una especie de cura. Como si mi personalidad hubiera sido aplastada como un tubo de dentífrico; se fue la vergüenza, o mejor dicho, se escurrió por las escaleras del edificio Francisco Márquez. Después de ese día no volví a temerle a las personas, comencé a ver sus ojos, a escuchar cada palabra que me dirigían, a mantener mis manos temblorosas firmes y sin sudor ante mi presentación o exposición de dudas. Aprendí a pedir dónde está el baño. Apenas duré una semana, ni siquiera tuve tiempo para recordar algún rostro, un nombre o una voz. Sé que los monitores usaban playeras polo, verde botella; shorts caqui y cachuchas con el nombre de la empresa bordado. Todos eran jóvenes, aunque en ese entonces me parecían cuasi adultos, pero puedo calcular que no pasaban los veinticinco años. Los monitores iban y venían corriendo, tomando de la mano en forma de cadena a todos los niños. Me pareció...

Cuando la conocí...

Es un hecho que todo mi gusto musical fue formado a través de su enseñanza indirecta. Toda la escuela del blues estaba detrás de ella. La primer época en que la conocí supe que su carácter oscilaba entre la tristeza y la ansiedad, ello nunca me alejó, estaba realmente atraído. Fuera de esos momentos era una mujer con una felicidad gigantesca. Reía a cada rato. La primer semana que pudimos estar juntos fue un tanto extraño, pero recuerdo todo el ánimo que desde el primer día dedicó a nuestra relación. Yo estaba asustado, indeciso, impulsado por la irreflexión; al contrario, ella se mantuvo razonable ante mi duda. Me decía que si no era el momento para iniciar algo juntos no habría ningún problema. En algún punto se desesperó, porque a la primer semana decidí alejarme de ella sin dar explicaciones salvo evasivas. Años después no puedo explicar qué es lo que quería. Ahora sé que la quería a ella, pero tenía miedo. Ella no, por lo menos no durante las primeras semanas donde fuimos más que...

Cuando la conocí...

Lo primero que se viene a mi mente es esa melena ondulada, desaliñada, deshidratada, una enredadera que se podía ver desde bastante metros a la distancia; un cabello castaño, que por aquellos años estaba pintado de negro. No podía imaginar otro peinado que no fuera aquel despreocupado aspecto. No sólo se reflejaba en el cabello, sino en los pies, en las manos... pero todo era a propósito, era evidente que todo aquello era una imagen perfectamente planeada. Nadie tiene el cabello tan desarreglado, si no es a través del meticuloso ejercicio de lucir diferente; porque lo era, tenía un brillo que la convirtió en la excepcional cantante que es hoy. Ya era actriz antes de que lo pensara. Tenía un carisma desbordante para abordar a las personas y entablar conversaciones. No conmigo, debo ser honesto, pero iba por aquí y para allá repartiendo sonrisas y buenos deseos. Por supuesto que estaba la parte irascible que no buscaba ocultar. Se largaba de una reunión o sin más meditación dirigía insu...