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Un viejo olor

Ya me habían dicho, pero no lograba convencerme. Me pedían que hiciera algo al respecto, lo que fuera, con tal de sacarme esa estela que dejaba donde sea que estuviera. No quería ser un cometa, no quería dejar rastro de mi presencia. Si por mi fuera me hubiera ocultado durante un tiempo hasta que las cosas se normalizaran, pero no pude. Todo sabían que estaba presente junto con el aroma del pasado. ¿Huelo a desechos? ¿A mierda? ¿A qué huelo? Es todo lo que podía reclamar. Quería una respuesta simple. No sabía a qué olía. Pensé que a nada bueno porque me compadecían. No se ofendían a mi alrededor, pero me tomaban por el hombro y decían "No hay nada atrás" "Con el tiempo, sólo con el tiempo". Todos sabían que estaba ahí, detrás de mi, impregnado sobre mi cuerpo, en cada actividad que yo hacía. Fuera reposo o esfuerzo siempre la esencia estaba ahí. Yo lo no lo percibía, pero la mueca de quienes me conocen hablaba por sí sola, de su desazón por mi olor. Mis amigos se impacientaban de pronto; ibamos a comer y ahí estaba casi a mi lado o sobre mi, impregnando los alimentos, la charla. Todos se interrumpían y fruncían la nariz. Me apenaba, pero no podía hacer nada al respecto. Me levantaba hacia el sanitario y esparcía tanto champú sobre mis brazos y manos como podía; levantaba una nube de desodorante y bailaba bajo ella; dejaba que el aire de la máquina me calentara el cabello, quería deshacerme de él. Cuando regresaba a la mesa todos parecían más relajados hasta que yo comenzaba a hablar. De nuevo venía el aroma en cada enunciado, siempre estaba ahí, en las palabras, en cada experiencia, memoria y vocablo. Todos lo percibían. Daban por terminada la comida. Me quedaba sentada hasta el final, lloraba un poco, después me iba a casa. Tomaba un baño, frotaba de menos a más toda mi piel. Estuve a punto de llagar mi piel. Me detenía, era absurdo. Nunca se iba a ir de mi, no ahora, tal vez mañana. Estaba infiltrado en mi. Era el olor de la historia, del pasado. Con el tiempo recuperé mis propiedades, se perdió en el aire su presencia. Un día, sin señales previas, pude reconocer nuevos aromas. Encontré uno dulce, semifrutal, venía de lejos, pero yo lo tenía tan cerca. Seguí su rastro durante un buen tiempo. Tiempo después los dos estábamos mezclados en una nueva esencia. Nunca me volví a preocupar.

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